El templo de Dios se llenó de utensilios preciosos, cuidadosamente preparados para la adoración. Nada parecía demasiado bueno ni excesivo para el Señor. Salomón levantó un altar imponente, lavabos, candelabros, mesas y utensilios de oro. Todo estaba pensado para honrar a Dios. Hoy nosotros no tenemos que construir un templo físico, pero sí preparar algo aún más importante: nuestro corazón. La pregunta sigue siendo la misma que en tiempos de David: “¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién estará en su lugar santo?” La respuesta: el que tiene manos limpias y corazón puro. Tal vez hoy sea el momento de pedirle a Dios un corazón nuevo y comenzar a preparar nuestra vida para la verdadera adoración. #RPSP #Biblia #AñoBíblico