En 2 Crónicas 7 vemos un momento poderoso: cuando Salomón termina de orar, fuego desciende del cielo y la gloria de Dios llena el templo. La Biblia nos recuerda que la presencia de Dios no es automática. A lo largo de la historia, los hijos de Dios han buscado sus promesas en oración: Daniel oró por el cumplimiento de la promesa, Jesús oró después de su bautismo, y los discípulos oraron tras la ascensión. Cuando el pueblo busca a Dios sinceramente, su presencia transforma la adoración: más gratitud, más gracia, más ofrendas, más alabanza, más santidad y más gozo. La presencia de Dios no solo cambia un momento de adoración; transforma toda nuestra semana y fortalece nuestra relación personal con Él. Cuando vayamos a la iglesia, oremos primero por la presencia de Dios… y todo lo demás vendrá como fruto natural de una vida de oración. #RPSP #Biblia #AñoBíblico